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Se estrena con éxito la revista Ring... ring... llama el amor, por la Cía de Silvia Pinal

Armando de Maria y Campos

    ¡Bienvenida la revista! No importa que ahora se le llama comedia musical. A la gran revista española, que apareció a fines de la década de los diez y que todavía lució mucho -¡música, luz y alegría!- hasta la mitad de los treinta, se le injertó un pequeño argumento cuando la opereta vienesa empezaba a convertirse en revista al estilo de las de París, y todo quedó en... ¡revista músical! ¡Qué importa el nombre si es el mismo espectáculo feérico, luminoso, frívolo, pródigo en mujeres y en ingenios, con mucho de lo de ayer y más, mucho más de lo bueno, frívolo, coreográfico y musical, de hoy! ¡Bienvenida Silvia Pinal, quien para lucir, brillar y triunfar en este género, lo tiene todo, todo...!
    Para quienes disfrutamos el privilegio de recordar y sentimos la memoria y el corazón como archivos de emociones, cómo evocamos sucesos inolvidables al ir de sorpresa en sorpresa, comprobando cómo el espectáculo frívolo musical no ha muerto, ni podrá morir, si se cuenta con una vedette de los altos quilates de Silvia Pinal, cuyo debut como estrella en esta fastuosa e inspirada comedia musical, con haber sido brillantísimo, apenas es un indicio de lo que podrá llegar a ser en este género en el que tiene predecesoras ilustres como Julia Fons, Consuelo Hidalgo o Celia Gómez, en España; María Conesa, María Caballé o Celia Montalbán, en México; Cipri Martín -aunque española-, en La Habana, y Gloria Guzman, en fin, en tierras que baña la cruz del sur... Silvia Pinal se inicia en el género, y no es inferior a ellas.
    Silvia Pinal hace de ingenua -como actriz- y logra animar un personaje sencillo y lleno de simpatía: luego canta ¡de verdad!, y baila ¡de verdad!, y se alza, en fin, con el éxito deslumbrante como actriz, bailarina y cancionista. En realidad: como supervedette. Bienvenida y gran artista e intérprete frívola de todas las Américas y de España. No hay en el

mundo actual que aun cree en Jesucristo y habla en español otra vedette como Silvia Pinal...
    La comedia de Betty Comdem y Adolpho Green, música de Jule Styne -que en Nueva York, de donde procede, alcanzó éxito con Judy Holiday y Sidney Chaplin-, es interesante por su libro, lleno de anécdotas muy bien ensambladas con la ágil partidura, y cuyo bien planteado y resuelto argumentillo sería difícil relatar, y aun injusto para el interés que despierta en el espectador; cautiva por sus bailes, dúos y números de conjunto, porque es una hábil y afortunada mixtura de la antigua revista española, aquella que se inició en España con El país de las hadas y tuvo aciertos tran grandes como Música, luz y alegría, y que en México prolongaron Luis T. Maurente como autor con El principe carnaval, María Conesa con su inigualable Mundo, demonio y carne o con Musical review, y Mario Vitoria, que animó con su intervención en los libretos y su ágil dirección escénica las Follies Tarazona, y que europeizaron Eulogio Velasco y Manuel Sagrañes, magos los dos, uno valenciano y el otro catalán, de aquellos inolvidables espectáculos en que intervenían por igual mujeres bellísimas, melodias originales y pegajosas, sedas y plumas, flores y luces, todo sazonado con la salsa de un ingenio legítimo; del sentimental y frívolo ambiente de las operetas vienesas que murieron al firmarse el armisticio de 1918, donde ese estilo ágil, rápido y dinámico también intracendente, del llamado vaudeville norteamericano que es una manera de entender la revista española de lo que fue la francesa y la opereta de viena... Por eso, Ring... ring... llama el amor es un gran espectáculo. Para muchos es nuevo- nuevo realmente para las últimas generaciones de teatros para noventa personas y obras con un solo escenario y seis personajes-, pero que tiene su belleza de origen

 

en padres y abuelos legítimos, ya sepultados, pero no olvidados.
     Al lado de Silvia Pinal se revela un gran artista que pude ser insustituible en el género, el actor, galán y tenorio, Guillermo Rivas, quien actúa, canta y baila con simpatía, seguridad y excepcional desenvoltura. Otra revelación: Luis Gimeno... -de casta le viene el galgo...- también magnífico actor cómico y excelente cantante.
    El resto es el conjunto y ya se sabe cómo los árboles impiden ver el bosque. Miguel Manzano, Manolita Saval, Fredy Fernández, el coreógrafo Edmudno Mendoza y... sesenta personas más entres coros en los que se advierten buenas voces, bailarines y grupos de muchachas bien vestidas, un poquito desnudas, que ambientan la obra con sus bailes y canciones de conjunto. Se presentó un cómico extraído de la televisíon Manuel Valdés, muy afortunado y audaz en el género de los caricatos, pero cuyos recursos a teniendo a lo que le vimos, son bien escasos.
    El maestro Enrico Cabiati, al frente de una orquesta de veintisiete profesores, es otro de los factores, importantes que contribuyen al éxito de este espectáculo, musical ciento por ciento. La escenografía de Julio Prieto para los veintidos cuadros que integran la revista, no sólo es bella y sencilla, dándole ambiente acada cuadro, sino también funcional; Prieto usó varias veces de un escenario giratorio. Merece también los parabienes de critíca y público, al lado de quienes más lo merezcan y en primer término, Luis de Llano, gran director.
     Ring... ring... llama el amor, es en suma un gran espectáculo, como diría Rubén Darío, usando uno de sus versos más felices: muy antiguo y muy moderno...